Ésta crónica está basada en la vida y obra de un profesor llamado José Iván Calderón.
Éste podría ser mi anecdotario de penas y quejas ante mi respetable público lector.
Estando en mi oficio tratando de ser un buen profesor, pude conocer las caras lindas de los estudiantes y compañeros que me ofrecían su cariño y respeto, de igual forma conocí aquellos que buscaron siempre mi tropiezo y muchas veces se dieron el gusto de hacerme caer.
Pero pienso que eso estuvo bien, porque me ayudo a formarme como un buen profesional, porque considero que el buen profesional, no se forma del hecho de preparar una clase y de llegar temprano al colegio, entregando informes, guías o planillas, cada vez que los solicite el rector. Un buen profesional, para mi consiste en evaluar en lo que estuvo bien y mal, en corregir sus errores siempre y cuando lo permitan. Hay cosas que no me salen bien pero me justifico y le echo siempre la culpa al amor que ha sido el culpable de todas mis desgracias
Estando en una clase hablando del Quijote con los muchachos de décimo donde trabajo actualmente, comparaba la vida de Miguel de Cervantes con la de su personaje y llegábamos a la conclusión de que tanto el autor como el personaje tuvieron vidas muy desgraciadas, en el sentido de que tanto como al quijote como a Cervantes pocas cosas del mundo secular les salían bien. Un estudiante conmovido por la historia dijo “¿acaso la desgracia no es de todos? Recordé una escena cinematográfica donde una niña le preguntaba a un adulto después de ser golpeada por su padre, si ¿la vida siempre era así o solo cuando eres pequeño? Y el le respondió de forma muy seca ¡la vida siempre es así! A veces cuando los niños son consentidos, ellos creen que en todas partes los van a tratar con ese cariño y paciencia que encuentran en la casa, pero conocen gente que los miran mal, que se gozan de su sufrimiento para sentirse un poco mejor consigo mismos y por eso bajan a muchos niños de las nubes desde temprana edad, puede ser desde el jardín o preescolar. Teniendo en cuenta la perspectiva de algunos profesores, esto es un fenómeno común y hasta necesario para los niños, pero cuando se es padre o madre esa óptica cambia un poco, queremos proteger a nuestro hijo, del niño(a) que le pega, lo maltrata verbalmente para achantarlo y dejarlo callado en un rincón, pero eso a veces es inevitable, no se pueden proteger a los suyos cada vez que lo necesiten. Yo vi. como una pájara al caerse sus hijos del nido, no le importó arriesgar su vida en medio de buses y personas en una calle muy concurrida, para subir a sus polluelos de nuevo al árbol, así veo muchas madres hoy en día, jamás cesan de preocuparse y dar todo lo que ellas tienen por sus hijos y es tan triste saber que muchos son maltratados y abusados en nuestra sociedad. ¿Podemos hacer algo los profes? Creo que si, para brindar amor no se necesita dinero, solo tu corazón.
En este mudo existen muchos Quijotes cabalgando por ahí en busca del bien común para socorrer, viudas e indefensos, luchando contra gigantes, creyendo en sus fortalezas en medio de sus debilidades, muchos dicen que el Quijote era un loco porque veía castillos y princesas donde solo había meretrices en una vieja venta y que ayudaba a quién no lo necesitaba, porque vivía en un mundo de fantasías, y por esto fue apaleado, vituperado y burlado, ¿alguno haría esto en busca de sus sueños?¿ le han ocurrido dichas y desengaños?. ¿serías capaz de dejarlo todo por amor? Ej.: ¡la sin par Dulcinea del Toboso a quien Don Quijote tenía como dueña y señora de su corazón! Muchas veces se ve el mundo desde una sola óptica, algunos se ponen las gafas de una forma muy racional y poco pasional, pero si no se vive la vida con pasión ¿que sentido tiene vivirla? A veces se pueden ver las cosas desde otra perspectiva, pero hay gente que nunca quiso darle la oportunidad a otros y murieron siendo muy orgullosos de ser radicales, considero que los educadores no podemos ser así, siempre debemos tener en cuenta al otro y saber si lo que yo transmito es significativo o es la misma cantaleta, por la cual un estudiante se la aguanta, para que le den más adelante un cartón. Alonso Quijano un día decidió dejar de ser un lector pasivo y convertirse en uno activo, tanto que al modo de Madame Bovari vio al mundo desde la óptica de un noble caballero
andante para socorrer a los desamparados ¿Se puede vivir en un mundo real viviendo una fantasía y viceversa? Esta respuesta la dejo a su criterio
José Iván Calderón.
Bogotá, 22 Marzo de 2007
